sábado, 7 de agosto de 2010

Demasiado Pizarro(N)

Lanús venció 2 a 1 a Arsenal, en Sarandí, y sumó los primeros tres puntos en el Apertura. Marcos Aguirre y Guido Pizarro convirtieron los goles para los de Zubeldía. Mauro Obolo había puesto el empate transitorio para los del Viaducto.

Hay cautela después del primer triunfo de Lanús en este Apertura. La hay, porque los últimos cinco arranques de campeonato fueron con éxitos y los finales, con sinsabores. Sin embargo, hay una pequeña luz de esperanza en torno a este primer planteo de Zubeldía, aunque mucho por afirmar todavía en ese esquema atrevido.

En la primera parte, Lanús manejó la pelota y el partido como si de una marioneta se tratara. Ahí se vio lo mejor, con Pelletieri haciéndose amo y señor del mediocampo, con Pizarro pegadito a su izquierda para ser salida rápida. Lugo y Grana bien adelantados por los costados con mucha proyección. Más allá, Aguirre tomando la posta de conductor y Regueiro siendo más punta que creativo, aunque muy movedizo. Salcedo, por caso, como si el torneo Clausura no hubiése terminado.

Se armaba Lanús, con más virtudes ofensivas que seguridades defensivas. Porque atrás falta aceitar cada una de las piezas. Balbi fue, para sorpresa de muchos, el que sacó mejor nota, ya que Erramuspe salió lejos y falló en varias y Hoyos todavía no es salida clara como stopper por derecha. Entonces el traspaso de ataque a defensa se sufrió.

Aún así, Lanús tenía la pelota y era vertical. A los 4 minutos, Regueiro tuvo su primera chance con el gol -luego de una buena pared con Pelletieri- pero el uruguayo definió cruzado, débil y desviado. Es cierto que la jugada pedía devolución al medio, dónde el capitán llegaba con su perfil, escoltado por Aguirre, pero es saludable que La Hiena tenga el arco como principal objetivo.

Arsenal caía en la telaraña que armaba Lanús en el medio y de ahí, los volantes centrales lateralizaban para las subidas constantes de Grana o Lugo. Pese a ello, Lanús no generaba demasiado peligro, hasta que a los 25, Aguirre se puso la galera y el bastón en la puerta del área grande. El volante se filtró con mucha mentira entre los dos defensores de Sarandí y definió fuerte y cruzado con un derechazo que hizo estirar en vano a Campestrini para poner el 1 a 0.

De ahí en más se dio un encuentro más chato. Lanús bajó en intencidad y el local , sin ideas, recurrió al centro constante por la banda izquierda. Desde allí, con un centro anunciado, casi lo empatan los de Alfaro, con un cabezazo que Boggino se perdió sólo por el segundo palo. Fue final del primer capítulo.

En el segundo tiempo, si salieron a relucir las falencias de un esquema al que le falta rodaje. Porque los de Zubeldía cedieron la pelota y con Sergio Sena punzante por la derecha, la banda de Lugo y Balbi hizo agua. Los primeros fueron centros intrascendentes, pero Arsenal había encontrado la grieta. Así, a los 8, Leguizamón llegó al fondo y mandó un centro por lo bajo al corazón del área granate, dónde fallaron Balbi para cortar y Erramuspe para anticipar, por lo que Obolo tocó al gol, sin que antes Marchesín intentara un atisbo de reacción.

Tras el cachetazo, volvió a intentar Lanús, aunque sin tanta claridad como en la primera mitad mientras Arsenal apostaba a la contra. Así, Marchesín tuvo que sacar a relucir su rapidez para atorar a Obolo cuando era el segundo del local. No pasaba mucho porque Lanús ya no generaba fútbol desde Aguirre, Grana caía en la repetición y chocaba con Krupoviesa, Lugo no pasaba al ataque y Regueiro quedaba muy arriba, pese a que en varios arranques por las bandas parecía iniciar algo bueno.

Salcedo, aún en su sacrificio, incomodaba el circuito de juego. Peralta ingresó para sumar explosión en la izquierda pero no aportó mucho. Por eso, se recurrió a la pelota parada para lograr la diferencia. Desde esa vía, primero lo tuvo Salcedo con un remate a medida, que pegó en el travesaño y en la cabeza de Campestrini. El reboete lo agarró Erramuspe y la bombeó para Pelletieri, el rubio no llegó en el salto, la pelota quedó a la deriva y antes que Hoyos la empuje al gol, un defensor la rechaza a medias. Ahí la tomó Regueiro, se sacó varias piernas del camino y metió un zurdazo tremendo que sacó Campestrini al córner. Lo tenía Lanús, pero no lo tomaba.

Pero la revancha llegó unos segundos después. Porque de ese córner, Regueiro ganó en la terraza, metió un buen frentazo de pique al piso que dio en el palo derecho, Pizarro tomó el rebote y con sutileza le dio un pase a la red. Justificada ventaja para Lanús.

Pero como aquel que no aprende de errores, los de Zubeldía volvieron a caer en su paciencia instrascente y Arsenal, bicho conocedor de su diminuto refugio, buscaba faltas para llenar el área de centros. Lanús, en cambio, sufrió las pericias del equema. Porque Aguirre había corrido más de la cuenta, la línea de tres quedaba corta y fundamentalmente, no había quién tuviese la pelota más de unos segundos. Por eso Grana encabezaba el ataque y regalaba la pelota una, otra y otra vez a sus rivales.

Ahí falló Zubeldía. Porque no leyó la situación y en lugar de darle pista a Carrasco - o incluso Ledesma- apostó por meter a Castillejos e Izquierdoz, por lo que Lanús siguió sin tener la redonda en sus pies. A modo de premio, el empate no llegó, ni siquiera en esa última que terminó con el juvenil Silva cabeceando desviado por el segundo palo.

Fue victoria nomás, con demasiado de pizarrón en el esquema, con más de lo que se esperaba de Aguirre y con algo de lo que se espera de Regueiro. Sin la magia de Blanco ni la esperanza de solidez que se depositó en Goltz. Se festejó por lo contenido de tres meses de abstinencia con la ilusión de volver a ser ese equipo atrevido. Con alegría. Y con mucha cautela, porque es sólo el primer paso.

No hay comentarios: